YO CONCILIO, TÚ CONCILIAS, ÉL CONCILIA… pero no siempre

Germán Jiménez (Profesor en el IES Juan de Mairena – Mairena del Aljarafe)

Hoy, ocho de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer, y mucha gente se pregunta si este tipo de celebraciones tiene sentido. Es más, ayer me argumentaron que el tema está muy visto y un poco desfasado para los tiempos que corren. Y me pregunto yo cómo son estos tiempos que corren.

Las reflexiones que voy a escribir son fruto de un hecho fortuito: hace algunos años la dirección de mi instituto me pidió que coordinara las actividades de coeducación. Nadie, tampoco ninguna profesora, quería un cargo que comportaba hacer análisis de la situación del centro en materia de igualdad, proponer posibles soluciones a determinados conflictos, y realizar un sinfín de actividades de sensibilización, muchas de ellas –piensan bastantes de mis colegas- muy alejadas de nuestra “auténtica función” de “auténtico profesor”. Esas eran también, tengo que reconocerlo, mis primeras impresiones sobre la materia. Sin embargo, después de algunos años en contacto con la coeducación, he llegado a una serie de conclusiones de las que hoy, con motivo de este día, os voy a hacer partícipes.

Primera conclusión: es cierta la teoría de techo de cristal, porque es indudable que mis alumnas suelen estar académicamente más preocupadas por su formación, y ser más responsables en su trabajo y, por ende, más brillantes que mis alumnos, y además me consta (a mí, sí me consta) que lo siguen siendo también en la facultad; podríamos añadir que, por regla general, son más participativas en actividades que comporten adquirir visiones y reflexiones novedosas, y más dadas a mirar a un lado y a otro, por lo que suelen tener un currículum académico, a todas luces, mejor que el de mis alumnos. Sin embargo, pocas de ellas, pasado un tiempo, logran puestos de trabajo acordes con sus conocimientos y su currículum, o dicho con más franqueza, a la larga suelen desempeñar trabajos peor remunerados y socialmente menos “importantes” que los que desempeñan mis antiguos alumnos. ¿La razón? Si hubiera solo una, podríamos considerar que el error es fácilmente subsanable, pero son muchas, y todas se mueven en una horquilla que va desde la estupidez del empresario o jefe, que ve en ellas futuras barrigas con baja maternal y frecuentes solicitudes de ausencia del puesto de trabajo a causa de las enfermedades del bebé hasta, en el otro extremo, decisiones personales de las que desean o bien dedicarse a la familia, o bien acceder a un puesto que le permita conciliar la vida laboral y la familiar. Está claro que el hombre, por ser hombre, tiene derecho a un puesto de trabajo, pero que la mujer, como es mujer, lo tiene que ganar. Está claro que una mujer debe conciliar, pero el hombre que concilia… ¿no es un calzonazos? Pensaréis que no es así siempre, y yo digo que casi siempre es así… todavía. No tengo datos estadísticos, pero mis ojos lo han visto y lo ven. Admitiré en este punto que algo ha comenzado a cambiar, pero con la rapidez de una tortuga que, si corre demasiado, perderá su caparazón en cualquier sacudida… La crisis es una de esas sacudidas.

Segunda conclusión, deducida de la anterior: Las mujeres soportan, en líneas generales, no solo la mayoría de las tareas domésticas, sino también todos los problemas médicos y formativos de los hijos y de las hijas. Los padres seguimos siendo un referente educativo, pero las madres son referente, precedente y consecuente. Cuando los hombres decimos que, a cambio, nosotros realizamos otras tareas, me gusta preguntar “¿cuáles exactamente?” Muy pocas veces ha venido a tutoría un padre (cada vez más, es cierto), y muy pocas veces he visto que un joven justifique su ausencia a clase por alguna carga familiar. Han sido mis alumnas, incluso con hermanos mayores, las que han faltado a clase para atender una urgencia familiar. Actualmente, ni siquiera en los centros de zonas agrarias, los chicos faltan a la escuela por acudir, como hace algunos años, a las tareas del campo. Eso está felizmente superado, lo otro no. Parejo a todo esto me hago una pregunta. ¿Por qué hoy, cuando con el paro hay una mayor demanda de solicitudes en ciclos de grado medio o superior, esos cursos son eminentemente masculinos? ¿Por qué no vuelven las chicas a los institutos buscando mejor formación?

¿Se pueden traducir estos datos en reflexiones? Incluso a riesgo de equivocarme, voy a intentar hacerlo: seguimos en una sociedad con estructuras patriarcales y actitudes machistas en la que de los hombres se espera que seamos los elementos significativos, los personajes ilustres de los que sigan hablando los libros de historia (¡que esa es otra, la historia que todavía se enseña!), y de las mujeres se espera que nos ayuden a conseguirlo. Seguimos en una sociedad en la que, si es necesario un sacrificio, será la mujer la que lo acepte; eso sí, quizás las mujeres occidentales lo acepten voluntariamente, o al menos, tan voluntariamente como las islamitas aceptan el burka.

A riesgo de ser un pesado, me gustaría hacer una última reflexión que tiene que ver con las religiones. La anémica y precaria actividad política de los últimos años, y no hablo solo de España, está provocando la pérdida de derechos y libertades que afecta de manera especial a los elementos más débiles de la sociedad, por lo que se agranda la brecha de género en aquellos campos donde la igualdad estaba menos consolidada. Hete aquí que, en este contexto y casi por arte de magia, observo que a esta debilidad política corre pareja un acrecentamiento del poder de las religiones en nuestra vida diaria. No nos engañemos; la lucha entre cristianismo e islamismo no supone más que un reforzamiento de una y otra religión; ambas cobran fuerza y protagonismo y ambas se nos están ofreciendo como solución a nuestros problemas sociales desplazando, como tantas otras veces ha ocurrido, a la política y convirtiendo a ésta en una actividad “per se” sucia. Pues bien, no olvidemos que la estructura patriarcal adquiere consistencia y justificación moral a partir de los llamados libros sagrados y mediante una normativa claramente machista. ¿Solo hablo del Islam? ¿Me podrías decir cuántas mujeres entrarán próximamente en la Capilla Sixtina?

Por todo esto y mucho más que, por no aburrir, me callo, creo que es muy necesario que hoy las mujeres y los hombres de EQUO celebremos el día internacional de la mujer y, de camino, que rindamos homenaje a todas las mujeres que, de manera visible o invisible, han luchado por la igualdad de género. Estoy convencido de que la defensa de sus derechos es la defensa de todos nuestros derechos.

Los contenidos que publica esta página son opiniones personales y no reflejan la posición oficial de EQUO Sevilla en ningún tema tratado.