In memoriam. Nelson Mandela.

Germán Jiménez.

No hay ciudad sin murallas ni ciudadanía sin prejuicios. En cualquier sociedad, por más desarrollada que esté, encontraremos muros como el de Berlín, por ejemplo, hechos de cemento y piedra que te impiden el paso y reprimen tu libertad; y muros como lo fue el apartheid, hechos de prejuicios y, a veces, adornados de virtuosas enseñanzas o principios morales, que dividen una sociedad en dos clases intratables, dos grupos irreconciliables.

Estos últimos muros no se rompen tan fácilmente como los primeros, porque la química funciona bien con la materia, pero a duras penas con la inteligencia. Es fácil transformar un ladrillo en polvo y esparcirlo con la fuerza del viento. Difícil hacer lo mismo con una idea. Por eso estoy seguro de que, a pesar de que estos días el mundo entero celebre con motivo de su muerte la figura de Nelson Mandela, la sociedad sudafricana seguirá dividida escandalosamente entre blancos y negros, aunque muchos de los impedimentos legales que los separaban hace poco hayan desaparecido gracias a su presidente.

No es necesario hacer turismo al extranjero para ver ejemplos de muros físicos: en Ceuta y en Melilla hay dos buenos ejemplos. En cuanto a murallas ideológicas, sería muy fácil advertir que es alucinante comprobar cómo la sociedad española ha vuelto a dividirse en dos sectores ideológicos cada vez más alejados y con menos puntos de interjección. Digo que sería muy fácil, porque una visión de este tipo me parece falsa, interesada y abyecta. Lo que en España, a la sombra de la crisis, se está produciendo es un auténtico apartheid, es decir, una presión tiránica ejercida sobre el conjunto de la sociedad por parte de un grupo minoritario (la burguesía financiera e industrial en comunión con los sectores más retrógrados), que intenta volver a una situación de dominio de la que disfrutaron no hace tiempo.

Esa evidente injusticia social se difumina por el hecho de que la ciudadanía española, como cualquier otra, se nos aparece dividida entre ideologías contrarias. Pero sobre lo que quiero insistir es que esa división social no es la causa de nada, es la consecuencia del apartheid que comenzó ya antes de la crisis y del miedo social que la misma provoca. En los años ochenta y noventa no había nada que arreglar, todo o casi todo era perfecto, y los políticos disfrutaban de un enorme valor moral y de abusivos poderes. Pero la situación ha cambiado, ahora decimos que los políticos son unos cabrones porque, al igual que los bancos, nos vendieron preferentes sin valor y los ciudadanos nos hemos visto obligados a tomar partido. Y lo tomamos, aunque en muchos casos al margen de los principios cívicos y constitucionales: es el gran partido de la desconfianza del otro. De manera que, si miramos al pasado para ver mejor el futuro, no es nada raro que tengamos que hablar ahora de un crecimiento, a la sombra de la crisis y bajo la benevolencia de los anteriores grupos de presión, de un nuevo sector que se dice abiertamente franquista aunque, en realidad, no sea más que un fascismo a la antigua usanza.

Desgraciadamente bajo los términos derecha e izquierda se esconde una gran parte de militancia acrítica, incapaz de razonar más allá de lo que a cada cual le digan sus jefes o mentores, seguidora, por un lado, de consignas absurdas que ya no se comprenden porque se han convertido en instrumento de medrar y de conseguir trabajos en los que no se trabaja, o seguidora, por otro, de verdades absolutas e iluministas que se confunden con prácticas medievales y tiránicas.

Así veo la situación de mi país, mientras recuerdo no la muerte, sino la vida de Nelson Mandela. Y por eso no quiero terminar estas palabras tan pesimistas sin aclarar que, por debajo de esas dos españas con ideas rancias y sin ideales, bastante incultas y adocenadas, existen otras muchas personas que luchan por cambiar el estado actual de cosas, dispuestas a destruir los muros físicos y los prejuicios bien pagados y a construir nuevos valores de convivencia. Tengo el gran placer de conocer a muchas de ellas.

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