Democracia sí, pero otra democracia

Jaime Romero (Coordinador de comunicación de Equo Sevilla).

Se puede presumir que el interés público es aquello que
los hombres escogerían si vieran claramente, pensaran
racionalmente y actuaran desinteresadamente.
Walter Lippman.

Tal como dice Giovanni Sartori, “la hostilidad irreductible alimentada por Rousseau contra la representación y las razones por las que invirtió la fórmula, sustituyendo la representación no electiva por el principio de la elección sin representación” hace que la democracia rousseauniana no resuelva nada. El problema se extiende tras varios siglos en aquellos que sostienen que este sistema de contrato social aún mantiene su validez. Sin embargo una verdadera democracia, entendida etimológicamente, debe ser una sociedad sin Estado. No obstante nuevas formas económicas que subvierten la erradicación del Estado por parte del neocapitalismo (son sucedáneos de dicho Estado), por tanto, tampoco equivale a una democracia. Sí lo hace otra forma económica, como es la Economía del Bien Común, donde gran parte de sus planteamientos se basan en una mayor participación de la sociedad en el ámbito articulador de la economía a través de la cooperación y financiación pública. Es necesario por tanto un Estado que responda a necesidades básicas y sea garante de aspectos globales aun faltando el respeto etimológico al término democrático.

Ante el cambio social y mental actual que es muldimensional se requiere un nuevo espacio público y por tanto una regeneración en las instituciones si las entendemos como “resultados de conflictos y acuerdos entre los actores sociales que representan la constitución de la sociedad según valores e intereses” (Manuel Castell). Este espacio público es también de interacción, de acción y reacción, dinámico; pues estos cambios culturales están suscitando que la voluntad de muchos actores sociales insurgentes y políticos nuevos esté guiada por este proceso social.

¿Cuál es la posición ideal para que pueda darse una transformación estructural que modifique el paradigma de la representación hacia una participación más directa?

Existen parásitos egoístas anclados en un sistema paradójico donde afirman que es necesario crecer, pues el no consumo y el no crecimiento están introduciéndonos en un periodo de oscura recesión y mayor desigualdad. La competitividad global da lugar a una pérdida de derechos continuos y la justicia social se anula, así como también la equidad social y la sostenibilidad. Todo esto nos sitúa en un círculo vicioso de competitividad y crecimiento; es la rueda de la bicicleta neoliberal.

Estas contradicciones, convergencias y divergencias constituyen el tejido social, y a esto se le debe añadir un cambio político (estructural) que modifique estas instituciones conectando con los intereses del bien común social. Por lo tanto esta variación estructural debe estar producida por los movimientos sociales, con independencia de los valores de cada movimiento, y no a través de mayorías absolutas de partidos ideados y estabilizados en el siglo pasado, de corte neoliberales.

No es tarea sencilla, pues el proceso es multidimensional y se hace extensivo a muchos estratos y extremos prácticamente etnológicos. No obstante añado intencionalmente que un movimiento social como es la ecología dio origen a la ecopolítica, movimiento ajeno a la polarización establecida desde el inicio de la democracia española y que quizá sea la opción viable a esta decadencia política que vivimos en España.

Los contenidos que publica esta página son opiniones personales y no reflejan la posición oficial de EQUO Sevilla en ningún tema tratado.

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