Soberanía alimentaria para un futuro resiliente

  • Para Equo Verdes la soberanía alimentaria es la alternativa de una nueva agricultura para la nueva normalidad, recuperando los saberes de la agricultura tradicional e impulsando la agroecología, la seguridad alimentaria, y produciendo, transformando y distribuyendo de manera local para romper con la dependencia de mercados globales.

Para el partido de los Verdes Europeos de Almería, la agroindustria, uno de los sectores más importantes de la economía almeriense y andaluza, está aprovechando su papel estratégico de mantenimiento de la vida, para lanzarse a la carrera de recuperar el terreno perdido provocado por la pandemia del COVID19. Y es que el parón de la producción durante este periodo ha mostrado la vulnerabilidad de las cadenas de suministro mundializadas, pasando a tomar un nuevo impulso la producción, distribución y comercialización de los alimentos de proximidad. Hechos que manifiestan la urgencia de transitar hacia un nuevo modelo agrícola.

La ciencia, apoyada desde el movimiento ecologista, ha puesto en evidencia que “la civilización industrial” hace tiempo que ha superado los límites físicos del planeta, acelerando la pérdida de biodiversidad, provocando el desequilibrio de los ecosistemas y desencadenando el calentamiento global y cambio climático, facilitando las zoonosis causantes de las pandemias.

En particular, la agricultura industrial tiene la capacidad de generar grandes rendimientos, pero a costa de consumir grandes cantidades de recursos naturales, y de contaminar y emitir CO2 en toda la cadena, desde la producción hasta el consumo, como ha advertido en innumerables ocasiones distintos organismos internacionales encabezados por la FAO. Asimismo es responsable de las precarias condiciones de los agricultores, de sus escasos beneficios y de los altos precios pagados por el consumidor (por cada € que pagamos, 10 céntimos son para el agricultor). Un modelo generador de la brecha de género y salarial, de la vulneración de derechos de jornaleras, temporeras y migrantes (proliferación de asentamientos que no disponen de servicios esenciales como agua y retirada de basuras), al que sumar la falta de reconocimiento de los derechos a las mujeres rurales sobre la titularidad de la tierra y la falta de relevo generacional que vacía el mundo rural.

La agroindustria consume tanta energía -petróleo- como la que proporcionan los alimentos que salen de ella -por cada kilocaloría (Kcal) de alimento que se produce se invierte 1 Kcal de energía-, mientras que en la agricultura tradicional y agroecológica se llegan a producir hasta 500 Kcal de alimento por uno de energía. Motivo por el cual la agricultura española durante los últimos 50 años ha multiplicado por 10 su consumo energético, llegando a poner en riesgo su propia rentabilidad, como bien saben los agricultores que se manifestaban, por todo el país, en los días previos a la declaración del estado de alarma.

Un modelo que, renunciando a las herramientas naturales que ofrecen los ecosistemas, como la biodiversidad, produce altas rentabilidades a costa de consumir gran cantidad de recursos por encima de las posibilidades del territorio que la soporta: el 50% de la superficie, el 30% de su energía y el 70% de su agua. Responsable del 48% de emisiones de CO2, en la que intervienen la producción de fertilizantes y fitosanitarios, de semillas transgénicas procedentes de las selvas deforestadas, o los 4000Km de media empleados en el transporte asociado al trasiego de productos y materiales. Altamente contaminante del aire, suelo y acuíferos por el uso de abonos y fitosanitarios; y que desecha alrededor de un tercio de la producción que va al desperdicio por no cumplir con los estándares que imponen las cadenas.

A pesar de los últimos buenos datos de las exportaciones a Europa de los productos hortofrutícolas de Andalucía y Almería, no dejan de ser un espejismo ante la realidad en su conjunto que nos dice que estamos dejando de ser su despensa, con una limitación de recursos (agua y suelo fértil) esencial en un presente marcado por los impactos del cambio climático; y pasando a ser su escaparate, agravado por el hecho de la competencia de terceros países con diferentes estándares de calidad y sanitarios que les permite fijar precios más competitivos, como son el caso de Marruecos y Turquía.

Para el partido verde, estas señales apuntan hacia el agotamiento de un modelo altamente ineficiente, y que no responde a las necesidades para afrontar con garantías los escenarios futuros, en los que esta pandemia ha supuesto un serio aviso de lo que nos espera para la salud de las personas, la organización social y el modelo económico si no somos capaces de cambiar de rumbo.

Pero la emergencia sanitaria también ha mostrado fortalezas tanto sociales como económicas, por ejemplo el aumento en el pico de consumo de alimentos frescos, saludables y locales durante el confinamiento y limitación de movimientos. Clara manifestación de la necesidad de transitar hacia la sostenibilidad en todas y cada una de las actividades humanas, en especial, en aquellas que usan recursos naturales imprescindibles para la vida como el agua, el suelo y la biodiversidad. Por ello, para Manuel Pérez Sola, coportavoz de Equo Verdes de Almería, «la agricultura tiene una salida digna y un papel imprescindible en el ejercicio de la soberanía alimentaria, recuperando los saberes de la agricultura tradicional, e impulsando el conocimiento y desarrollo científico de la agroecología, reforzando la seguridad alimentaria, diversificando los cultivos, y produciendo, transformando y distribuyendo de manera local, para romper con la dependencia de mercados globales y sus insumos».

En ese sentido, la Unión Europea en su estrategia de reducción de CO2 y de potenciar una alimentación saludable y segura, plantea alcanzar un 25% en cultivo ecológico para el 2030, lo que supone duplicar en esta década la producción para nuestra comunidad y triplicar la nacional. Ello obliga atender varias cuestiones, como por ejemplo: impulsar medidas para favorecer la regeneración, fijando a los jóvenes en su territorio; ejercer el control de las grandes cadenas y capitales que dominan todo el proceso desde la producción hasta el consumo; fomentar a las pequeñas y medianas empresas, aplicando políticas dirigidas a la creación de empleo y no de capitales; favorecer los parques agrarios municipales y los bancos de tierra; promover la alternativa alimentaria artesanal, etc.

Desde el partido ecologista consideran fundamental la alianza entre productores y consumidores para trazar el camino a seguir. Hay que escuchar a la ciencia, al igual que lo hacemos con la pandemia; y también a la sociedad, especialmente a los más jóvenes a los que les estamos robando su futuro, con el objetivo común de sostener la vida de las personas y del planeta.