NO SE PUEDE NEGOCIAR LA DIGNIDAD (por Mar Verdejo Coto)

Mar Verdejo Coto
Mar Verdejo Coto

A veces hay que subirse a una montaña muy alta para tener otra perspectiva del mundo; de las cosas pequeñas y cotidianas; del vecindario y del hogar. Septiembre puede ser un buen mes para hacerlo porque no es un mes cualquiera: es un mes de inicio de ciclo y de renovación. Se cierra un ciclo solar y comienza otro: un curso escolar, un trabajo, una relación. Y más nos vale haber acumulado energías suficientes en el estío porque nos espera un largo y oscuro invierno.

Revisando las redes sociales por la noche, en lo alto de las montañas, vi la fotografía del pequeño Aylan y la compartí sin pensar en la repercusión que ha tenido a nivel mediático y de conmover conciencias. ¿No sé cómo pensabais que eran los niños muertos en la guerra? No me voy a parar a reflexionar el por qué esta foto ha sido el interruptor para que iniciemos una reacción humanitaria, que da luz en nuestro futuro incierto, porque hay tantas fotos de niños y niñas muertos en guerra, desnutridos, maltratados, huyendo de guerras, etc. que quizás nos ha hecho estar inmunes; o quizás nos han adiestrado para que no reaccionemos y nos rebelemos ante tanta injusticia y sufrimiento. Nuestra hipocresía o incultura es tal que no tenemos, o no queremos tener, conocimiento del por qué ocurren. La guerra de Siria comenzó hace ya cuatro años; así que el éxodo no nos debe pillar por sorpresa: más de cuatro millones de personas han salido del país y van más 300.000 muertos por bombas, armas químicas, etc. Los europeos, junto con los Estados Unidos, hemos estado apoyando a los rebeldes que luchan contra el presidente Bachar al Assad suministrándole este armamento. A la población civil, ante esta destrucción letal de sus vidas, no les queda otra que huir. Hace unos años pensaba que las películas sobre el holocausto, la guerra civil, etc. eran un tema muy trillado y que el mensaje ya estaba aprendido; que habíamos superado nuestros errores y que no volveríamos a caer: ¡Qué ingenua soy! La historia se repite una y otra vez como en un bucle en caída libre hacia el abismo. Los europeos somos tan egocentristas que pensamos que lo nuestro es lo mejor, y no nos paramos a pensar que la gente quiere vivir con dignidad en su casa, con su familia y en su tierra. Los dirigentes europeos avergüenzan a su sociedad. ¿Cómo se puede negociar la dignidad de los seres humanos? ¿Cómo se pueden incumplir los tratados internacionales? ¿Dónde están los pilares en los que se construyo la actual Europa?

La poeta Ana García Briones, en su poemario “Partos de luz”, resume en estos versos lo que todos podemos sentir ante la impotencia que nos produce ver las imágenes de las guerras: “Me avanza el desaliento/ de la guerra,/ como un amargo trago/ en un desierto de humo,/ como una mordedura/ de dolor intenso./ Me avanza el desaliento/ y la tristeza,/ cuando la paz se esconde/ y la calma se agota,/ cuando el amor/ deja de ser,/ el verdadero sentido/ de nuestra existencia.” Mi vecino, que es incansable y vital, un día tiró la toalla y dijo: “Ver las noticias estos días y ser consciente de que has fallado como Ser Humano. Todos hemos fallado”; y piensas en la frustración e impotencia que nos puede hacer estar paralizados; en cambio otras personas, como el pequeño colibrí del cuento, intentan apagar el fuego aunque sea gota a gota, porque los pequeños picos no pueden transportar más cantidad. Hay que combatir la desolación que siembran nuestros gobernantes, con sus acciones y omisiones, con iniciativas que siembren luz y esperanza. No podemos olvidar que nosotros también tenemos el poder de hacerlo. Informémonos de por qué ocurren las cosas y qué podemos hacer para cambiarlas, aceptando que nuestro mundo, tal y como lo percibimos, ya no será el mismo. Reflexionemos, tan sólo un instante, que: “Nadie sube a sus hijos a un bote maltrecho sin creer que ese viaje encierra menos peligros de los que deja en tierra”, como dice Médicos sin Fronteras.