HAY ALTERNATIVAS A LA CRISIS: REINICIA LA DEMOCRACIA (I) (por Mar Verdejo Coto)

El barco se hunde. No hemos parado de achicar agua. Tenía demasiadas vías y no han sido capaces de llevar el barco a buen puerto. ¿Son conscientes los políticos del tremendo daño que están causando, de las consecuencias de sus actos? Deberían saber que la corrupción no solo roba el dinero, sino que también roba la esperanza, y es lo más inmoral que se puede hacer. Han dejado que nuestra maltrecha democracia haya retrocedido apabullada por el capital, pero aún es posible recuperar el espacio perdido. Hay alternativas para tener una sociedad más justa y democrática: pero no son fáciles. Primero tendremos que quitarnos cuanto antes el miedo al cambio radical, porque la crisis política, económica, social y ambiental es de tal magnitud que no podemos esperar mucho más, solo el miedo nos hace pensar que es una utopía. La alternativa comienza tomando conciencia política individual: “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”, decía Mahatma Gandhi. La ciudadanía, por tanto, debemos responsabilizarnos, con coraje, entusiasmo y compromiso. Tenemos que convencernos de que sin la política no hacemos nada, y que la práctica de la misma hay que ejercerla desde la ética. Aún hay esperanza, es el momento de un cambio pacífico, como dice el poeta Jorge Riechmann hay que “Aprender de los estorninos a volar juntos”.
La ciudadanía está sufriendo una transformación que no está de acorde con las estructuras económicas y políticas actuales. Hay que cambiar el escenario en el que nos movemos. Leonardo Boff advierte, “nos queda una revolución por hacer”. Esta debe de guiarse por tres principios universales, según dicen sus autores en el libro Espiritualidad y Política: vida digna para todos y todas, garantizando las necesidades básicas; una Democracia real, participativa, transparente y justa; y orientados por el principio de la sostenibilidad, cuidando y respetando todo lo que nos rodea pues formamos parte de ello. Se hace necesaria por tanto una reforma radical de la democracia, sin miedo al vacío ni a la radicalidad democrática. Como decía Raúl Quinto en su artículo «Democracia contra los brotes negros», publicado en La Voz: “Tanto escándalo impune sumado a tanta miseria inducida…, llamadlo sentido común. Con o sin ellos. Cambiarlo todo para que nada sea igual». Son necesarias, por tanto, las acciones valientes que inicien la transición que nos permita salir de la crisis. Hay que eliminar, erradicar, borrar, aniquilar, arrancar y extirpar todo trazo de putrefacción en la política con ética y compromiso social.
Ahora, nos debemos salir del barco hundido si no queremos ahogarnos, nos tenemos que salir del círculo impuesto, y estar abiertos a nuevos horizontes, ya sabemos lo que no queremos, y empezamos a no tener miedo a verbos como: dimitir, reformar y convocar. Un ejemplo de cómo se pueden romper los esquemas impuestos por diferentes motivos en nuestras mentes, nos puede servir la dimisión del líder espiritual de la Iglesia Católica. Hace unos días se nos habría hecho increíble e improbable que fuese una posibilidad la dimisión de un Papa: por ser una institución cargada y constreñida por la tradición y la historia, entre otras cosas, pero lo ha hecho con dignidad, sin complejos y con respeto a la institución y a los millones de personas a la que representa; saliéndose de las normas y lo establecido. Indira Gandhi dijo, “Normalmente la inspiración divina llega cuando el horizonte es más negro”, y ya hemos tenido más que suficientes: sobres, brotes, energía y corazones negros. Estamos más que inspirados, nos está desapareciendo al miedo al vacío, hay un colchón de alternativas debatidas democráticamente, y que parten de experiencias anteriores para reiniciar la Democracia, de estas prácticas. EQUO ha propuesto un decálogo para trabajarlo cooperativamente con otras fuerzas políticas y sociales, y crear una mayoría social.

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