Gustavo Duch: El contador del Bosque (Mar Verdejo Coto)

Mar Verdejo Coto
Mar Verdejo Coto

Erase una vez un “Contador del Bosque”, un cuentacuentos que “nomadeaba” con la palabra y el cuento entre la “gente pequeña del bosque”. Dice el proverbio adaptado por Gustavo Duch, de uno africano: “Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos…que alimentarán al mundo”. Duch dice: “que contar es otra forma de caminar.”

El Contador del Bosque, como es llamado en el Programa de RNE3 “El Bosque Habitado”, trae historias de gente menuda; mujeres y hombres dispersos por todos los territorios conocidos e incluso desconocidos, habitantes de bosques, vegas, páramos, altiplanos, sabanas, desiertos y selvas. Como dice María José Parejo, directora del Programa: “Gente apegada a la tierra donde el decrecentismo nunca necesitó una palabra para hacerse necesario, donde la sostenibilidad es la más habitual de las conductas integradas, donde el bien común y la colectividad es irrefutable porque sostiene la vida de todos y todas.” En la Revista que él edita bajo el título “Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas”, su equipo, va desgranando trimestralmente, con información, debate y reflexión temas rurales bajo una óptica de soberanía alimentaria como un instrumento crítico a la sociedad que nos ha tocado vivir. Dando luz y dignidad a las gentes que integran los movimientos que defienden el mundo rural vivo.

Gustavo, el cuentacuentos, en la presentación de su último libro: “Secretos”, del que dice: “que nació arropado del bosque, de los cuidados, etc.”, insistió a los que asistimos, a que no dejemos de visitar las librerías y las ferreterías del barrio porque están desapareciendo. Libros, para cultivar la mente y el espíritu, y ferreterías -pensé que lo decía para adquirir azadas y demás herramientas para cultivar huertos con los que alimentar y alimentarnos- pero él habla de desalambrar y de arrancar las concertinas que tanto sufrimiento están haciendo a la Humanidad. Dice el poeta y veterinario: “He imaginado semillas, ahí. Y árboles creciendo en instantes por donde trepar, malditas vallas”. El poeta “Contador del bosque” se pregunta en su poema “Ocupación”: “¿Cómo se llamaba el primer muerto de orilla? / ¿Cómo te decían, mujer, en huelga de hambre?/ ¿Y el poeta mudo por pena de muerte?/ ¿Y otras Bertas baleadas en sus tierras? / ¿Cómo se llamaban?/ No es desmemoria. Es porque ya hay/ otro exilio/ otro desalojo/ otra pérdida/ ocupando/ la misma muerte”.

Ahora abro el libro, que es delicado y pequeño, con detalles cuidados y sorpresas. Y como un mensaje en una botella, aparece un papel, de los que se enrollan en la mano cuando recibe el calor de la misma, y dice: “Secretos de la luna”. Y cuenta el secreto de un agricultor para tener una cosecha. El agricultor escribe poemas cortos y efímeros en un papel de seda que enrolla y entierra entre sus cultivos. Allí los poemas se descompondrán. El secreto del agricultor que desvela Gustavo Duch es: “fertiliza la tierra con poemas”. Y comencé con un “erase” porque cuando empiezas una historia con esa palabra guardas silencio para escuchar atentamente desde la infancia la narración del cuentacuentos. Ubuntu Gustavo Duch de la Comunidad del Bosque.