ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN (por Mar Verdejo Coto)

Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería
Mar Verdejo, coportavoz de Equo Almería

Las reglas del juego tienen que cambiar y, para ello, hay que ir buscando las diferentes piezas que pueden ser herramienta para el cambio de este sistema que ya está agotado y que no funciona. La crisis parece que no va a tener fin y los brotes verdes, de los que tanto nos hablan, los pintan a base de botes de pintura. Hay que establecer un nuevo modelo económico que priorice el bienestar ciudadano, por encima de los intereses del mercado y del capital; y uno de estos pilares es ya la Economía del bien común (EBC). En España ya hay municipios que se rigen por estos principios; son muchos los ya adscritos a esta reciente corriente que los grandes economistas mundiales miran con interés. Miranda de Azán (Salamanca) y Carcaboso (Cáceres) han sido los primeros en iniciar este cambio de economía tomando las riendas de su futuro en este mundo globalizado.

La Economía del bien común es un proyecto económico abierto a empresas y que ha sido promovido por el profesor de Economía en la Universidad de Viena y cofundador de Attac, Christian Felber. Felber propone cambiar las reglas del juego, unas reglas radicalmente opuestas a las que han desencadenado la crisis que arrancó en el 2007 y cuyas graves consecuencias arrastramos. Hay que empezar a utilizar principios que representan valores humanos como: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y compasión, entre otros.

El balance del bien común de una empresa se mide por la dignidad humana, la justicia, la sostenibilidad ecológica y la democracia con sus proveedores y clientes. En los productos que ahora compramos no está indicado si provienen de empresas que promueven la esclavitud infantil; si hay desigualdad entre hombres y mujeres; si se respetan los derechos humanos; si hay guerra; si viven en una dictadura; sobreexplotan el medio ambiente, etc. Estos valores también son importantes para los consumidores. Y como dice la famosa frase del consumo: “Quien compra, manda”.

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