El nuevo reglamento para la caza flexibiliza las autorizaciones sin contemplar unas mínimas garantías

Exigimos que la norma intensifique el control sobre la actividad cazadora y las personas que la ejercen. Desde la Red EQUO Derechos de los Animales lamentan la total ausencia de participación de la que ha adolecido la confección de este reglamento en lo que se refiere a organizaciones que defienden el bienestar animal.

 

El nuevo reglamento para la caza recientemente aprobado por el Gobierno andaluz presume de agilizar y flexibilizar la tramitación administrativa de autorizaciones, pero sin mejorar el control específico de quienes reciben dichas autorizaciones desde el punto de vista médico. El fomento de una actividad tan sensible como la caza nunca debería llevarse a cabo de manera irreflexiva, atendiendo únicamente a los interesados de parte y sin contar con expertos de los distintos ámbitos.

Los grupos de trabajo creados que colaboran con el Comité de Caza del Consejo Andaluz de Biodiversidad adolecen de la aportación científica de técnicos superiores en veterinaria -especialistas en ciencias del bienestar animal, etología,…-, especialistas en biogenética de los animales objeto de la regulación -incluidos perros y aves rapaces-, biología o medio ambiente, como también se echa en falta la representación directa y permanente de las universidades andaluzas y de organizaciones andaluzas de defensa de los animales.

“Tal vez por esta razón”, ha señalado el coportavoz de EQUO Andalucía, Francisco Sánchez, “volvemos a encontrarnos con un reglamento que, mientras presume de adaptarse a las exigencias europeas, contempla excepciones a la norma que no se entienden en una sociedad avanzada en pleno siglo XXI. A destacar, que sigamos siendo el único país de Europa que autoriza la caza con galgos, tradición que supone que cada año sean abandonados miles de estos animales. Además supone ir contracorriente, puesto que la APDDA (Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales), de la que EQUO forma parte muy activa, trabaja para que desde el Congreso se prohiba la caza con galgos”.

Además, según esta norma cualquier terreno puede ser cinegético si la Administración lo considera oportuno, es decir “la Administración andaluza sigue sin entender y poner en valor la biodiversidad en la naturaleza y sigue viendo con buenos ojos que animales autóctonos sean considerados como alimañas o plagas y puedan así ser eliminados”.

Igualmente, la norma llega a considerar animales asilvestrados a animales domésticos, una condición que éstos nunca pueden perder; o sólo prohíbe la tenencia y uso de munición que contenga plomo cuando estas actividades se ejerzan en zonas húmedas de especial protección, mientras que en el resto del territorio la Junta de Andalucía no se atreve a regular o prohibir el uso del mismo. Además, en esta norma se está abriendo la puerta a la introducción de especies alóctonas que pongan en peligro nuestra biodiversidad, dando mayor facilidad a la introducción de especies cinegéticas de otros países.

El coportavoz de EQUO Andalucía ha calificado de “especialmente sangrante” el hecho de que el reglamento recoja que “los menores a partir de 14 años pueden cazar, y los menores de 14 participar en actividades cinegéticas sin armas de fuego, por lo que entendemos que pueden estar presentes si se trata de caza con arco”.

Otras valoraciones

Por su parte, desde la Red EQUO Derechos de los Animales han lamentado la total ausencia de participación de la que ha adolecido la confección de este reglamento en lo que se refiere a organizaciones que defienden el bienestar animal, que “en ningún caso queda reflejado en esta norma”.

La Red señala en ese sentido que “se excepciona el número de galgos por liebre, pudiendo ser finalmente tres, al igual que el uso de más de tres perros por cazador en la caza de perdiz con ojeo y también para cobrar piezas abatidas”. Será excepción también, según este nuevo reglamento, situar la línea de cazadores rodeando comederos, bebederos y dormideros de tórtolas -la tórtola europea se encuentra en peligro de extinción- y palomas.

La cetrería hace su entrada de lleno, permitiéndose el uso de especies autóctonas –lo que suele favorecer el tráfico con las mismas- y el uso de artilugios “que pueden ser peligrosos para el medio ambiente y para el animal, como los globos de helio o las cometas”. Por otro lado, se habla de marcaje de piezas de escape y de merma de éstas, “pero no explica de que modo se llevarán a cabo dichas prácticas”, ha detallado la representante andaluza de la Red, Anabel Marín, que destaca además la importancia de que en los escenarios de caza en cotos y para adiestramiento de aves de cetrería y perros “se cuente con la presencia de personal técnico especializado (veterinarios) en la Ciencia del Bienestar Animal y en Etología, para asesorar a los usuarios de estos espacios sobre estándares de bienestar animal y comportamiento tanto canino como de las rapaces empleadas”.

Desde EQUO Andalucía exigimos que el reglamento intensifique el control sobre la actividad cazadora y las personas que la ejercen, y no sirva únicamente para darles más facilidades sin contemplar unas garantías mínimas para el resto de partes implicadas, que son desde los animales hasta la ciudadanía no cazadora, pero cuyo patrimonio natural se ve afectado por esta actividad.

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