EQUO reclama a la Junta un posicionamiento rotundo contra el fracking y las prospecciones de gas y petróleo

Ante los recientes incidentes en Canarias, donde la agresiva intervención de la Armada en defensa de las prospecciones de Repsol ya ha dejado heridos, EQUO Andalucía demanda que la Junta de Andalucía se posicione de forma clara contra la búsqueda de gas natural y petróleo en el territorio y costas de Andalucía, especialmente a través del fracking. El partido ecosocial entiende que el rechazo a seguir apostando por los combustibles fósiles, así como decididas medidas de impulso a las energías renovables son necesarias para avanzar hacia un nuevo modelo energético, más sostenible económica y ambientalmente, que no ponga en riesgo otros sectores económicos como la agricultura o el turismo.

EQUO recuerda que Andalucía tiene las características ideales para abastecerse de energía con fuentes renovables en lugar de incrementar la contaminación de nuestros acuíferos, suelos y atmósfera con los diversos contaminantes que acompañan la extracciones de hidrocarburos y de forma más acusada con el uso del fracking.

En la actualidad la Junta de Andalucía ha concedido varias autorizaciones de investigación: Penélope en Sevilla, Ulises 2 y 3 en Jaén y Albero en Cádiz y Sevilla; posiblemente las siguientes sean Lola-1 y Lola-2 en Córdoba. Estas investigaciones, concedidas por la Junta de Andalucía a empresas como Oil&Gas Capital SL, o Storengy en el caso de Albero, están ya en marcha. Las pruebas han levantado alarma entre la población en algunas zonas como Jaén, por la más que probable incidencia que podría tener sobre la incesante actividad sísmica de la provincia la puesta en marcha de esta técnica de extracción de hidrocarburos.

Para EQUO Andalucía defender esta técnica, así como las prospecciones para buscar gas y petróleo en nuestro litoral, para obtener autonomía energética no es de recibo en una zona con muchísima exposición solar y vientos fuertes en gran parte de la comunidad. Las tecnologías renovables son significativamente menos agresivas, más sostenibles ambientalmente, perdurables, a la par que mayores generadoras de empleo. En este sentido, Andalucía debería ser exportadora de tecnología y de energía a otros países.

El reciente “5º Informe sobre Cambio Climático”, elaborado por el IPCC de la ONU, alerta de los impactos actuales y futuros del cambio climático y llama a la reducción urgente del uso de combustibles fósiles. Los pronósticos de este informe y los propios de la Junta de Andalucía advierten de que Andalucía se verá fuertemente afectada, con acusada elevación de la temperatura y pérdidas muy importantes de humedad en el suelo.

El fracking es el término coloquial usado para describir la técnica de extracción de algunos combustibles fósiles en zonas en las que se encuentra muy disperso, mediante la fractura hidráulica, que consiste en perforar el subsuelo verticalmente hasta una determinada profundidad y, a continuación, continuar perforando horizontalmente. Posteriormente se bombea un fluido, normalmente agua con elementos químicos, para provocar la fractura de las rocas en las que se encuentra difuso el gas, con el fin de liberarlo y extraerlo.

Esta técnica ocasiona la contaminación de acuíferos tanto por el gas natural liberado, a causa los componentes tóxicos que forman parte del líquido que se usa para la fracturación, como por el que se usa, una vez conseguida esta, para bombear el gas hasta la superficie.

El líquido habitualmente usado es agua con aditivos para permitir que esta se bombee y difunda con mayor facilidad disminuyendo la fricción. Para la fracturación se inyectan millones de litros de agua, y la cantidad puede alcanzar los 200,000 m3 en la extracción. Estos usos son por lo tanto de gran importancia en zonas como el valle del Guadalquivir, donde el agua es escasa.

Los productos empleados como aditivos en cada explotación son desconocidos, y representan el 2% de la cantidad de agua usada, lo que puede suponer hasta 4.000 toneladas de contaminantes, como ácido clorhídrico o acético, materiales radiactivos como el cobalto-60, usado para indicar la amplitud de la explotación, o fuel. Se han llegado a contabilizar hasta 750 componentes usados en diferentes perforaciones en EE.UU. entre 2005 y 2009. En esta lista se encuentran 29 productos que son considerados como posibles cancerígenos o bien identificados y regulados por la Administración estadounidense como responsables de otros riesgos para la salud humana. Hasta el 75% de estos tóxicos pueden quedar en el subsuelo. Estos aditivos pueden migrar, al igual que el gas, hasta la capa freática contaminando los acuíferos.

A los riesgos antes mencionados se suman: la liberación de gases de efecto invernadero como el metano, 25 veces más contaminante que el dióxido de carbono; el riesgo en el manejo y transporte de los tóxicos empleados como aditivos; la contaminación del aire por la fuga de gases; el uso de suelo (en una explotación se pueden perforar de 1,5 a 3,5 plataformas por km2, con una ocupación de 2 hectáreas por cada una).

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Mapa de autorizaciones, permisos de investigación y explotación de hidrocarburos en Andalucía

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